Norman L. Kerth
Dorset House Publishing, 2001
En su columna de este número, Luis Cuellar nos habló sobre las sesiones de lecciones aprendidas al final de un proyecto. Precisamente, este libro es una guía para sacar el máximo provecho posible de estas sesiones, denominadas por el autor como “retrospectiva del proyecto”. El autor trata las retrospectivas como un ritual, y a lo largo del libro comparte técnicas y herramientas que debe aplicar el facilitador de este ritual.
El ritual típicamente requiere tres días de sesiones grupales, que de preferencia se realizan fuera de la oficina. Reconociendo que será difícil obtener la aprobación y presupuesto por parte de la Dirección, el autor incluye tips sobre cómo convencerlos, y hasta un “checklist” para generar una propuesta. Previo a las sesiones, el facilitador obtiene retroalimentación sobre los principales puntos a cubrir, y pide a los involucrados que junten documentos del proyecto, tales como planes, minutas, bitácoras de pruebas, etc.
Algo en lo que el autor pone gran énfasis, es en la seguridad. Esto es, que los involucrados no se sientan amenazados, ni en peligro por lo que suceda en estas sesiones. Una retrospectiva no se trata de encontrar culpables. Se asume que todos hicieron el mejor trabajo posible con el tiempo e información con que contaban. El propósito del facilitador es lograr que los miembros compartan sus observaciones sobre el proyecto, de manera que los diferentes miembros no se sientan atacados. El facilitador no debe mostrar su propia opinión, simplemente ayudar a otros a expresar la suya.
Como sabemos, gran parte del éxito de un proyecto de software depende de la comunicación interpersonal, y las retrospectivas pueden ayudar a un equipo a mejorar su comunicación para tener éxito en los proyectos futuros.

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