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En Roma, concordia significaba la unión de corazones, la armonía que sostenía la paz social. Concordia era la diosa del acuerdo, el entendimiento y la armonía matrimonial. Incluso tuvo un templo en el Foro Romano, como recordatorio de que ningún imperio se sostiene sin la colaboración interna.

Concordia Augusta.
Concordia Augusta. Tomado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Concordia_(mitolog%C3%ADa)
En el mundo del software, Concordia es el trabajo en equipo. No es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de construir juntos a pesar de las diferencias.
Anécdota 1. El éxito colectivo
Mi primer proyecto bancario fue allá, por el ahora lejano 2003. Con apenas un par de años en la CDMX, tuve mi "bautizo de fuego" en un proyecto de mantenimiento de un portal bancario, con una de las consultoras más grandes en ese entonces. El banco recién había sido comprado y el ambiente era álgido y confuso.
El equipo estaba formado por juniors; todos éramos de distintas consultoras. La persona a cargo (del banco) nos dijo tras 1 día de onboarding:
—Les toca resolver los tickets con bugs productivos. Mientras más bugs resuelvan, más horas les firmamos. Cada quien debe resolver al menos uno por semana, en lo que se familiarizan con el portal.
Si no has trabajado en consultoría, cada semana debes entregar un time-sheet en el que describes tus actividades y las horas utilizadas, y el cliente debe firmar de conformidad. Ese documento es el insumo requerido por tu consultora para poder generar la factura correspondiente. No hay firma, no hay factura.
Nos repartieron los tickets el martes por la tarde y el miércoles a mediodía, mientras tomábamos café (para entonces, tomar el café a mediodía y escuchar la canción del mamut chiquitito #NSFW, ya eran una tradición en la consultoría en la CDMX, eran otros tiempos), nos dimos cuenta de algo: nadie del equipo había podido avanzar con su ticket. Éramos cinco, solo una mujer.
El jueves por la mañana, ella nos llamó y propuso:
—¿Y si resolvemos en equipo? Revisemos todos los tickets y resolvámoslo en equipo; seguro será más fácil y saquemos al menos 2 para mañana jueves.
Como trabajábamos en un espacio abierto y con poca supervisión, la dinámica fluyó. El jueves por la tarde, ya comidos (tengo una superanécdota de la comida de esa época, pero esa se comparte en otro foro), revisamos siete tickets (tomamos dos extra para aumentar nuestras probabilidades de éxito) y los jerarquizamos:
- “Rápido, 3 sabemos qué piden y podemos explicarlo”,
- “No tan rápido, al menos 2 sabemos de qué trata y podemos explicarlo”
- “Difícil, al menos 1 tiene una vaga idea”
- “Nadie tiene idea de qué están pidiendo”.
El viernes, cerca de las 6 p.m., todos teníamos un ticket resuelto.
La dinámica funcionó y pudimos mantenerla por un par de meses. Pasado ese tiempo, cada quien fue perfilándose y eligiendo qué tickets debía tomar; en esos años aún no existía una división clara en “tú eres backend, tú eres frontend”.
Todos hacíamos de todo; el stack era ligero y no tan complejo: un appserver (J2EE en esos años), Java en el core, servlets a mano sin framework conocido (cada banco en esos años creaba el propio), HTML, CSS y JavaScript a pelo, Vanilla, le dicen ahora.
Tal vez hoy en día no sería tan fácil repetir esa estrategia, pero estoy casi seguro de que esos días me dejaron grabado en la piel: es mejor trabajar en equipo.
Anécdota 2 – El primer signo de civilización
A la antropóloga Margaret Mead le preguntaron alguna vez cuál consideraba el primer signo de civilización. Muchos esperaban que respondiera “la escritura”, “la cerámica” o “construir herramientas”.
En lo personal, pensé en 2 cosas: la primera: “Cocinar”; cocinar es considerado un punto clave en nuestra evolución, y, por otro lado, pensé en: “Migrar”; movernos en grupo, grandes distancias para conseguir alimento, es otro punto clave en la historia de la humanidad (según lo que he leído).
Ella contestó:
“Un fémur roto que sanó.”
Explicó que ese hallazgo demostraba que, en algún punto de la prehistoria, un ser humano herido no fue abandonado. Alguien lo cuidó, lo alimentó, lo protegió y esperó lo suficiente para que su hueso se soldara.
La civilización comenzó el día en que alguien decidió no dejar atrás a otro. Esa es la esencia de Concordia: la armonía que surge cuando el bienestar del otro importa tanto como el propio.
Cuando un equipo entiende eso (que cuidar del compañero es cuidar del sistema completo), el trabajo trasciende los tickets y los KPIs.
El problema
Hoy, en muchos equipos de software, olvidamos ese principio.
Pensaba que esto solo ocurría en empresas grandes, transnacionales, pero no; ocurre en todas; ningún equipo de trabajo está exento de esto. Solo se requiere tener políticas (o actitudes) que incentiven que sea más importante uno mismo que el equipo.
Nos movemos tan rápido que volvemos a la lógica de la supervivencia individual.
- Silos entre áreas (Dev vs Ops, QA vs Dev). Casi siempre los hay y hasta cierto punto son sanos, pero cuando cada área se ve lejana de la otra y/o ya no ven la misma meta, esto es el inicio de problemas mayores.
- Métricas que incentivan la competencia interna en lugar de la colaboración. Algunas empresas, en el afán de medir todo lo que se pueda de alguien, agregan políticas que orillan dejar de pensar en el equipo y solo pensar en uno mismo, ya que si no, “no alcanzo mis KPIs”.
El riesgo: perder la armonía y caer en el “cada quien jala por su lado”, y no me refiero a un área, sino a que cada persona se vuelve guardián solo de sus avances, ignorando que forma parte de un equipo, de un proyecto y de una empresa.
Cuando eso ocurre, no solo se rompe el flujo del trabajo: también se fractura el lazo humano que hace posible construir cosas juntos.
Claves prácticas para cultivar Concordia
Aquí hay una lista sencilla, creo, fácil de implementar.
- Objetivos claros y compartidos: Todos miden el éxito con la misma métrica.
- Roles claros: Nadie se siente invisible ni indispensable.
- Pair programming: Más ojos, menos errores. No necesariamente debe imponerse el nombre; con que se incentive/promueva que exista apoyo entre compañeros para resolver algo, es un gran paso.
- Code reviews con propósito: No para criticar, sino para aprender.
- Feedback loops colectivos: Retros, dailys, demos.
Una práctica que he visto que funciona, en todas las empresas, es dar espacio (ya sea en un daily que se extienda un poco o en sesiones especiales para ello) para que todos puedan compartir: un logro, una recomendación, una queja o lo que sea, pero que todos sepan que se les escucha en un ambiente seguro y formal.
Yo me alegro cuando una liberación a producción sale bien y me duele hasta la médula cuando algo falla, fallamos todos o celebramos todos.
Todo debe preocuparnos a todos.
Si alguien en tu equipo empieza a usar “ellos” para referirse a compañeros de equipo (o de empresa), algo debe comenzar a ajustarse.
El equilibrio
Concordia no significa que todos piensen igual. El desacuerdo con respeto es señal de madurez, no de división. Un equipo sano no teme debatir, pero sabe cerrar filas cuando toca decidir.
En el istmo
El mercado de Juchitán es muy reconocido en el Istmo y en todo Oaxaca. No por su tamaño (hay mercados más grandes), sino por la variedad de lo que se puede encontrar: desde huevos de tortuga, tamales de iguana, un guisado de armadillo, incluso codorniz, venado o conejo, hasta trajes regionales, joyería de filigrana, huaraches de autor y todo tipo de pan de la región.
El mercado sigue vigente porque no rechaza nada que lo nutra.
Uno puede encontrar hoy en día: pizzas artesanales, pan coreano, sushi, ropa de Shein o productos nuevos que han llegado para satisfacer a generaciones más jóvenes.
La tradición convive con lo moderno, sin conflicto.

Mercado central. HC. Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. México.
Mercado Central de Juchitán.
Autor: Oscar Ulloa.
Tomado de: https://www.flickr.com/photos/ulloacalzada/6061891567
Esa es, quizás, la mejor definición práctica de Concordia: la armonía entre lo que fue y lo que llega.
De niño me llamaba la atención cómo, en medio de ese bullicio de colores, olores y gritos, algunas vendedoras se levantaban de su espacio de venta y decían en un agitado zapoteco:
“Cuiden mi venta, cuiden mi lugar, debo salir un rato.” Y alguna de sus compañeras respondía: “Sí, ve a lo tuyo.” Y la que respondía se volvía el avatar de la que se iba, teniendo a su cargo ahora 2 lugares de venta. Aquello me parecía un acto pequeño, pero humano. No había contrato, ni supervisión, ni petición formal: solo confianza.
Nada en mi vida me sorprendió tanto hasta que, muchos años después, en la Ciudad de México, vi cómo una moneda de diez pesos de un pasajero subido por la puerta trasera(en lugar de subir por la puerta de adelante para pagar primero y luego entrar al camión) pasaba por muchas manos hasta llegar al chofer, el chofer se cobrara 1 pasaje… y luego el resto/cambio/vuelto regresaba por el mismo camino, mano por mano, sin que nadie se quedara con nada (hoy puedo confesar que, en 20 años no participé tanto en tal dinámica, me gustaba más observarla).
Ambas escenas, las vendedoras del mercado y los pasajeros del transporte público, me recordaron que la cooperación espontánea sigue viva. Que, pese al caos o a las diferencias, hay un tejido invisible que nos une cuando confiamos unos en otros.
Esa complicidad también construye comunidad.
Cierre
Parafraseando al gran Michael Jordan:
El talento individual gana partidos; la Concordia gana campeonatos.
Y en software, los campeonatos se llaman proyectos que perduran.
Los proyectos que sobreviven a las crisis, a los cambios de stack, a los nuevos managers, a los arquitectos non plus ultra y hasta a los rebrandings, son proyectos donde han aprendido que es importante cuidar al equipo.
No porque todo funcione perfectamente, sino porque el equipo aprendió a cuidar el lugar del otro.
¿Y tú? ¿Recuerdas algún momento en que tu equipo eligió Concordia por encima del ego o la prisa?
Compártelo ;) Esas historias también construyen comunidad; además, estamos en temporada para compartir.
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Omnia sunt communia.
@rugi
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