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En Roma, Prudentia significaba mucho más que prudencia pasiva: era sabiduría práctica, la capacidad de discernir lo correcto en medio de la incertidumbre.

Metis. Prudentia.
Tomada de: https://mitologia.fandom.com/es/wiki/Metis
En nuestro trabajo no basta saber programar o diseñar arquitecturas; muchas veces lo que marca la diferencia es la discreción ante lo que ves y escuchas, y la prudencia ante lo que te ofrecen o provocan.
Anécdota 1. Casi siempre hay trampas.
He tenido buenos maestros, no puedo quejarme, y algunos de ellos ni siquiera sabían que me estaban enseñando. En mi primer trabajo en consultoría, hace más de 20 años, la persona de Recursos Humanos solía recordarnos 2 cosas cada semana:
“Dejen todo documentado. ¿Qué tal si se me mueren mañana? ¿Cómo sabremos qué estaban haciendo? Denle el password de su máquina a algún compañerito de confianza.”
Y,
“Recuerden: la máquina del trabajo es para trabajar. Nada de andar viendo cosas personales. Cualquier día se las quitamos y veremos todos sus secretos.”
Dos buenos consejos, quizá no dichos de la mejor manera, pero muy útiles.
Siempre le tuve mucho cariño; nunca me preguntó de qué escuela venía, ni de qué estado de la república era, ni nada personal: recuerdo una llamada de ella. Diciendo:
—¿Sabes Java? OK,
—¿Lo puedes comprobar? OK,
—¿Sabes llegar a San Jerónimo?, Sí, donde está la banderota. OK.
—Inicias el lunes. Pásame tu email para darte más detalles.
Solo sabía que la empresa era una consultora grande, que yo quería trabajar y que, con presentarme el lunes, iniciaba, y pues, me presenté.
Conforme pasan los años, aprendes a “flexibilizar” las reglas y te das márgenes de movimiento. Revisas un correo personal (pero cierras la sesión y borras cookies), haces una consulta bancaria o checas algo urgente. Pero te dices a ti mismo que hay líneas que no conviene cruzar.
Cuando llegaron las redes sociales, me impuse una regla: nunca abrirlas en la máquina del trabajo. Años después, en un proyecto con varios proveedores, nos asignaron una casa-oficina que parecía más búnker que oficina. El administrador de red tenía casi todo bloqueado: solo se podía acceder a portales oficiales, sitios de vendors y las intranets corporativas.
Internet, en realidad, no existía para nosotros en ese proyecto.
Era una muy buena red, descargabas cosas rápidamente, tus sesiones de SSH nunca morían a media tarea; scp, ftp, todo en orden y estable, el administrador era eficiente. Aun así, algunos usaban proxies o algún otro artilugio para poder saltarse las trancas, pero dado que teníamos todo lo necesario, nuestro equipo no tuvo necesidad de hacer eso.
La jornada comenzaba a las 8 am. Había café gratis y, si tenías suerte, te tocaba un sandwichito. Teníamos una sala para relajarnos y una terraza muy amplia. Tres meses después de iniciar, un día cualquiera, notamos algo extraño: algunos compañeros tenían Facebook abierto. Otros viendo videos en youtube. Nos miramos con curiosidad. “Parece que el admin ya se relajó”, dijo alguien.
El ambiente se llenó de una sensación de triunfo silencioso.
"Su actitud al respecto es intrascendente para nosotros", dijo otro, refiriéndose al administrador de la red, con otras palabras y usando una expresión muy de la CDMX.
Al día siguiente, muy temprano, la euforia se convirtió en silencio.
En las paredes de la sala de trabajo habían pegado hojas con una lista impresa: los nombres de las máquinas y todas las URLs (incluyendo archivos descargados) que había visitado el día anterior. Nadie dijo nada.
No hubo correos, ni advertencias, ni sanciones públicas. Solo las hojas, frías, impasibles, implacables. Ese fue el mensaje.
El admin no bloqueó, solo observó. Y nos enseñó, sin una palabra, quién mandaba. Nos devolvió el “ese admin me la Pérez Padro”, con un “en mi casa y con mi gente, se me respeta”.
A mí, me dio pena que mi jefe viera que yo seguía descargando el jdk para 32 bits, cuando para entonces, ya teníamos que usar (dados los nuevos equipos) la versión de 64 bits. A manera de defensa, le decía que sí se ejecutaba, que no había tema, y él me respondía: "el problema no es que se ejecute o no, el problema es que con el JDK de 32 bits no podemos asignar la memoria RAM que necesitamos a nuestros servers."
Algunos consultores de otras empresas creo que tuvieron que explicar otro tipo de cosas.
A veces la prudencia no está en obedecer las reglas, sino en intuir cuándo una prueba está en marcha.
Anécdota 2. Casi todo es una prueba
Desde siempre, por alguna razón, asimilé la discreción a algo natural. Incluso me trajo algunos problemas: “¿Por qué no dijiste nada?”, me preguntaban. Y yo pensaba: ¿Por qué tendría que compartir algo que me confiaron de forma personal?
La experiencia me confirmó con los años que hay personas que disfrutan compartir todo lo que escuchan, incluso lo que se les confía en privado. Y, por lo general (hasta donde me ha tocado vivir), eso termina mal.
En la serie Juego de Tronos, un personaje sobresaliente por su inteligencia, un estratega, descubre a un espía contando versiones distintas del mismo plan a 2 sospechosos. Horas después, una de esas versiones regresa a él por medio de una 3.ª persona. Así supo quién era la fuga de información.
A veces llegas temprano a una junta, o el cliente te llama para aclarar un punto, y entre comentarios casuales surge información sensible. En esos momentos, la prudencia vale mucho, y casi siempre es mejor corresponder a la confianza con silencio y respeto.
Yo veía esas situaciones como una forma de aprendizaje: lecciones que tal vez no me tocaba aún aprender, pero que debía escuchar. En otros casos, sospecho que alguien me compartió información solo para ver qué haría con ella.
Algunos clientes o líderes ponen a prueba tu criterio, no solo tus conocimientos técnicos.
La discreción y la prudencia te mantienen lejos de problemas… Y, a veces, también te ayudan a ganar el respeto de quienes entienden que sabes cuándo hablar y cuándo callar.
El problema
En los equipos de TI suele valorarse más al que habla rápido o responde primero, al que “resuelve”. Eso lo saben muy bien algunos clientes, y a veces lo aprovechan.
Llegan directo contigo, saltándose los canales de comunicación ya acordados, y te preguntan con naturalidad:
—¿Sabes cuándo estará lista tal feature?
Tú, pensando que es una duda informal, recuerdas algo que escuchaste en el daily y respondes:
—Creo que la próxima semana.
Dos minutos después, llega un correo: “El equipo confirmó que la feature estará integrada en el siguiente release.”
Y en la daily solo dijeron que tal feature recién se iniciaría a trabajar la siguiente semana.
En consultoría, nada es realmente off the record. Todo se graba, se anota o se interpreta.
Lo mismo ocurre con diagnósticos de bugs o con estimaciones: una frase dicha sin contexto puede comprometer semanas de planeación. La prudencia no es desconfianza; es moverse con calma, elegir las palabras correctas y saber cuándo guardar silencio.
La falta de discreción puede romper la confianza en segundos… Y la confianza, una vez rota, rara vez vuelve a ser la misma.
Claves para cultivar la Prudentia
- Antes de hablar, pregúntate si aporta valor. Sí, es un cliché, pero es verdadero.
- Separa lo que sabes de lo que debes decir. No todo lo que escuchas es tuyo para compartir.
- Practica la pausa: la prudencia es retrasar la reacción para elegir mejor la respuesta.
- Recuerda que la confianza es más difícil de reconstruir que cualquier sistema bancario caído un viernes de quincena, con puente el lunes y con lluvia.
Todo esto se va puliendo con el tiempo. Con el tiempo, aprendes que, a veces, no hay que quedarse callado, que debes responder rápido, aunque tengas dudas; incluso confrontar al cliente o contradecir a un compañero, pero esas son las excepciones.
El equilibrio
La Prudentia no es silencio eterno ni pasividad. Es saber cuándo hablar y cuándo callar, cuándo actuar y cuándo esperar.
Ser imprudente puede abrirte una oportunidad inmediata (y darte ese rush de emoción que tu mente adolescente pide), pero a largo plazo puede cerrarte muchas puertas.
En el istmo
El Istmo de Tehuantepec (y en particular Juchitán) ha sido históricamente un epicentro político y social en el sur de Oaxaca. Una región (nunca mejor dicho) intensa, de carácter fuerte y debates encendidos.
Cuando llegaron las primeras propuestas para instalar los parques eólicos, muchos pensaron que el proceso tomaría un par de años. Ocho años se requirieron para que se instalara el primer parque eólico.
Durante ese tiempo, las comunidades se organizaron: formaron mesas de trabajo, convocaron a asambleas, escucharon, discutieron y aprendieron a negociar. Querían rentar sus tierras, no venderlas. Querían progreso, pero no a cualquier costo.
No fue una tarea sencilla. Hubo conflictos, desacuerdos, momentos tensos en exceso. Pero al final, los parques se instalaron y lo hicieron bajo condiciones más justas.

Planta eólica. Juchitán, Oaxaca. México.
Tomado de: https://oaxaca.eluniversal.com.mx/municipios/campesinos-que-rentan-tierras-eolicas-en-4-municipios-de-oaxaca-exigen-revision-de/
La gente del Istmo no aceptó la primera oferta, aunque las necesidades eran muchas. Esperó, debatió y decidió con cabeza fría. Esa es Prudentia en su forma colectiva: pensar con serenidad, incluso cuando la urgencia apremia.
Cierre
No se necesita firmar un NDA para guardar silencio; se necesita sentido común, ese que hoy llamamos (medio en broma, medio en serio) “el menos común de los sentidos”.
Mantente prudente, incluso cuando los cantos de sirena lleguen a tus oídos. Mantente discreto y agradece la confianza que las personas depositan en ti. Si quieres añadirle un toque mítico, imagínate como un watcher de Marvel: observas, comprendes… Pero no intervienes.
Y con el tiempo, aprende a reconocer las excepciones: cuándo hablar, cuándo guardar silencio y cuándo actuar con serenidad. Quizá no te dediques a esto toda la vida, quizá sí. Pero llegará un momento en que mirarás atrás y agradecerás haber estado a la altura del rol y de la confianza que otros pusieron en ti.
Silentium est virtus. El silencio es virtud.
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Omnia sunt communia.
@rugi
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