Hace unos días me encontraba en la sala de espera para abordar el avión que me llevaría de vacaciones al norte del país. Como ya acostumbro, envié un mensaje de texto a mi hermano para avisar que el vuelo saldría a tiempo y podría pasar por mí a la hora acordada. Y antes de que la azafata anunciara que los teléfonos celulares debían ser apagados, envié un mensaje intrascendente para despedirme de una amiga. La confirmación de mi hermano y el mensaje de buen viaje de mi amiga llegaron antes de que finalmente apagara el teléfono.
Ya en mi destino, un mensaje de mi jefe me hizo consultar mi correo electrónico en mi computadora portátil para resolver un asunto de último minuto en el trabajo. Durante mis vacaciones mi jefe enviaría un mensaje más para verificar que el pendiente quedara solucionado, mi amiga insistiría en más de una ocasión en enviar un mensaje matutino para saber si ya estaba despierto, y utilizaría el programa de chat en mi computadora de mano para decidir junto con mi hermano la mejor opción para cenar.
Lo anterior es quizá sólo un pequeño ejemplo de la manera en que los dispositivos móviles se han integrado en nuestras vidas, proporcionando información inmediata y facilitando transacciones comerciales. Los bancos envían mensajes al celular cuando hay un movimiento poco usual en las cuentas, en Europa el envío de publicidad a celulares (con opción de compra inmediata del producto) se está convirtiendo en la nueva modalidad del correo no deseado, los centros comerciales permiten cargar el mapa del lugar y ofertas en las computadoras de mano, y la relativa facilidad para el intercambio de multimedios, información y datos entre dispositivos permite su integración aumentando la productividad o desempeño de los mismos.
Si vivíamos en una era de información, ahora la vemos potenciada por la facilidad con que la información nos llega literalmente a las manos. Y nuestra sociedad está, lenta pero definitivamente, adoptando este flujo de información. El impacto social aún está por definirse.
No estoy seguro de querer ser tan fácilmente localizable por mi jefe en vacaciones.
Recuerdo una época en que mis compañeros de trabajo podían sobrevivir sin mí. Por otro lado, debo reconocer que los relativamente poco intrusivos mensajes nos han ahorrado problemas mayores o han facilitado las actividades del trabajo. Quizá puedo vivir sin las ofertas del centro comercial en mi palm, pero considero muy valioso poder modificar mi agenda, cambiar mis citas y localizar un restaurante cuando mi vuelo se ha retrasado. Pero es un hecho que con el desarrollo constante de las tecnologías móviles, la tendencia al uso de información localizada sólo puede aumentar.
Estas son buenas noticias para los desarrolladores de software, pues pueden explotar el mercado de aplicaciones para dispositivos móviles. Como las aplicaciones web (webapps), las aplicaciones móviles (m-applications) tienen un ciclo de desarrollo ágil y restricciones de uso de recursos y seguridad que deben plantear un atractivo reto para los lectores de esta revista. Ya empresas como Microsoft y PalmOne buscan fomentar la capacitación de programadores para tecnologías móviles, por medio de concursos estudiantiles y programas de capacitación.
Los desarrolladores de software seremos parte entonces de esta sobrecarga de información. Es un buen momento para ser desarrollador. Lo que hagamos con la información generada dependerá de nuestra sociedad. Por lo pronto, le he dicho a mi amiga que no necesita despertarme con un mensaje de texto... y que de vez en cuando una llamada por teléfono es bien recibida.
- Log in to post comments