Fortitudo: Cómo recibir retroalimentación dura sin quebrarte ni perder la dignidad

Leónidas

“Fortitudo". En Roma, no significaba fuerza bruta, sino la fortaleza del carácter para resistir la adversidad con dignidad. Era la capacidad de mantenerse firme aun cuando todo se derrumba alrededor.

Leónidas

“Ven y tómalas”

Estatua de Leónidas, en la base dice “Ven y tómalas”, frase que dicen, dijo como respuesta a la propuesta de Xerxes de dejar las armas.

Tomado de: https://www.vacacionesporeuropa.com/paso-termopilas-tributo-leonidas.html

Anécdota 1

Cuando uno es recién egresado y entra a consultoría, tiene la ventaja de la resistencia física y la motivación (y mucha hambre).

Recuerdo que en mis primeros proyectos, junto con mis entonces compañeros de trinchera (algunos de ellos hoy en día grandes amigos) podíamos pasar hasta 12 horas al día en la oficina trabajando. Descubrimos después que podíamos aumentar esas horas, quedándonos a dormir ahí, y algunos viernes o sábados eso hacíamos.

Todo era “risas y diversión”, hasta que los entregables se volvieron cada vez más complicados de alcanzar. Se alcanzaban, sí, pero a costa de jornadas que rayaban en lo insostenible.

Un sábado, después de un par de semanas con ese ritmo, solo quedábamos tres en la oficina. Los tres estábamos visiblemente cansados, en silencio, porque ya ni las bromas lograban distraernos del estrés. En un momento, volteo y veo que uno de mis amigos comienza a sangrar del oído derecho.

En ese instante me puse de pie y le dije a mi otro amigo: “Vámonos. Hasta aquí por hoy. El lunes reportamos que no logramos la meta. Ayúdame, vamos a llevarlo al médico.”

Los tres éramos de otros estados de la república.

Siempre bromeaba cuando cruzábamos corriendo la Av. Insurgentes sin semáforo (en aquellos años, no todas las calles tenían semáforo), diciéndoles: “Tengan más cuidado, ¿qué les diré a sus mamás si los atropellan?” Y todos reíamos.

Pero esa mañana, por primera vez, lo pensé en serio: “¿Qué le diré a la familia de mi amigo si hoy le pasa algo grave?”

Lo llevamos a consulta médica y después a su departamento.

Al siguiente lunes, los tres entramos a la oficina del jefe y le dijimos que la meta no se cumplió. Supongo que por nuestros semblantes entendió que dimos todo, pero no fue posible alcanzarla. No nos dijo nada. Los tres fuimos por un café y, al regresar, continuamos más relajados con el plan de trabajo.

Anécdota 2

Un amigo me contó que, en una empresa en la que él trabajó, comenzaron a introducir cambios importantes en las tecnologías que debían adoptar. Al mismo tiempo, la dinámica de comunicación se volvió más estricta: ya no era posible hablar directamente con alguien de otro equipo sin pasar por los managers correspondientes, y al mismo tiempo, la política de home office comenzaba a ser cada vez más limitada.

Para una empresa, crecer (aumentar su plantilla) no es sencillo; lo he visto varias veces. No todas lo logran como lo tenían planeado.

Mi amigo estaba acostumbrado a una comunicación abierta y directa (incluso con los clientes), y le costó adaptarse a la nueva estructura más jerárquica, con más reglas y restricciones. Al inicio se negó a adoptar algunas de esas prácticas. No pasó mucho antes de que lo llamaran de RRHH, y finalmente decidieron terminar la relación en buenos términos.

Este tema lo exploraremos más a fondo en Structura, en un post posterior, porque no todas las organizaciones reflejan los valores o la cultura que buscamos. Así como uno cambia con el tiempo, las empresas también evolucionan y, como en una relación de pareja, a veces las visiones dejan de ser compatibles y lo más sano es terminar.

En estos casos, la salida no es un fracaso, sino un recordatorio de que ya no era el lugar adecuado. Y ahí es donde Fortitudo aparece: resistir sin amargura, aprender sin rencor y seguir adelante con dignidad.

El famoso PIP (Plan de mejora en el desempeño)

Hace unos meses, platicaba con contemporáneos del gremio, personas muy cercanas con quienes he compartido enseñanzas y con quienes, afortunadamente, vuelvo a coincidir en algunos eventos anuales de la industria que espero formen parte de mi agenda anual (KCD, JConf, PosaDev).

Salió a tema el famoso PIP. Algunos dijeron que, en cuanto se los asignaron, renunciaron: para ellos era más honorable irse que aceptar lo que consideraban “un despido anunciado”. Otros contaron que lo aceptaron, cumplieron los objetivos… pero al cabo de unos meses también renunciaron: “ya no era igual”, fue su sentencia. Y otros más, efectivamente, fueron despedidos terminando el PIP.

Si no estás familiarizado con el término, te explico: Un Plan de Mejora del Desempeño (PIP) es un proceso formal y documentado donde un empleador busca apoyar a un colaborador que no cumple con las expectativas, ofreciéndole objetivos y plazos claros para mejorar.

Los expertos recomiendan:

  • Tomarlo en serio, no como castigo, sino como oportunidad de ajuste. Como diría Don Juan, hay que ser impecables hasta el último momento.
  • Documentar cada paso y logro. Yo pondría: documenta todo.
  • Buscar retroalimentación frecuente. Es súper importante que haya alguien dando seguimiento.
  • Preguntarse honestamente si los objetivos son alcanzables con los recursos dados. Preguntarse a uno mismo y también que alguien más te dé retroalimentación de los objetivos alcanzados.

Además, agregaría que: si no se define un tiempo concreto de duración o si, cumplido el tiempo del PIP nadie te dice nada por más que tú insistas en saber “¿Qué sigue?”, o si la retroalimentación que iba a ser semanal se vuelve quincenal, o te dan una retroalimentación ambigua o, poco clara; entonces ya no hay mucho que hacer, actualiza tu CV, levanta la cara, endereza la espalda y agenda tus primeras entrevistas para buscar un nuevo lugar donde crecer.

Si lo aplican con claridad y acompañamiento, puede ser una oportunidad real y es una empresa que quiere mantenerte en sus filas (las hay). Si lo usan de forma ambigua o negligente, es señal de que ese no es el lugar adecuado para crecer.

El problema

La cultura del “éxito constante” nos hace creer que fracasar o ser despedido es un estigma. En realidad, en el software es parte del camino: proyectos que no prosperan, reorganizaciones, decisiones de negocio que no dependen del equipo.

Cuando Macromedia Flash murió y Flex dejó de usarse, muchos amigos cercanos sintieron literalmente que su vida laboral terminaba. 

 “¿Y ahora de qué voy a trabajar?”, fue la pregunta que varios se hicieron.

Las empresas tuvieron que prescindir de ellos por razones del mercado: no había más que hacer, los navegadores ya no soportaban Flash y el futuro de la web era el de los estándares abiertos.

Lo curioso es que muchos de ellos hoy son directivos, líderes de producto o encontraron nuevos horizontes: algunos descubrieron la felicidad en otras áreas, como hornear pan gourmet o abrir su propio café de barrio.

Fortitudo no es nunca caer, sino resistir sin amargura, aprender sin culparse en exceso y seguir adelante con dignidad.

Claves prácticas para cultivar Fortitudo

La fortaleza no se improvisa; se entrena día a día, tanto en la técnica como en lo personal. Algunos recordatorios prácticos:

  • Reconoce tus límites: no todo depende de ti ni de tu equipo. Hay factores de negocio, de mercado o de contexto que están fuera de tu control.
  • Documenta tus aprendizajes: el fracaso también es conocimiento; deja registro de lo que funcionó y lo que no; yo soy partidario de documentar todo ;).
  • Separa tu valor personal del desempeño puntual: un error en un proyecto no define tu carrera ni tu identidad.
  • Busca apoyo en la comunidad: hablar con colegas que ya pasaron por algo similar ayuda a poner las cosas en perspectiva, también ayuda ver el meme de James Franco, el de “¿1ra vez?”.
  • Cuando llegue un despido, haz un cierre limpio: agradece lo aprendido, reflexiona sobre lo que sí puedes mejorar y avanza sin resentimiento. Siempre termina una relación laboral lo más amigable posible (en la medida de lo posible, sobra decir).

Fortitudo no significa no caer, sino levantarse tantas veces como sea necesario, sin perder la dignidad ni la esperanza.

Cuando el problema somos nosotros

A veces, Fortitudo también implica reconocer que no estamos en condiciones de seguir. Hay momentos en que la fatiga, el estrés o la simple acumulación de frustraciones nos vuelven improductivos o “ya no se puede trabajar con él”, y seguir así solo agrava las cosas. Hay que ser sinceros: a veces, no todo se resuelve sólo con voluntad; también se requiere conciencia para decir “necesito parar”, “no estoy bien” o “requiero ayuda”. Fortitudo, en esos casos, no es resistir más… sino saber detenerse a tiempo para poder volver con más claridad.

Aceptar que no somos indestructibles también es una forma de fortaleza.

En el Istmo

La OMS declaró concluida la emergencia del COVID el 5 de mayo de 2023; había comenzado el 30 de enero de 2020. En ese lapso, el estado de Oaxaca registró más de 5,000 defunciones, cerca de 2,000 solo en Juchitán. La magnitud fue tal que el municipio tuvo que habilitar un nuevo panteón.

El 2020 fue especialmente duro: mayo, junio y julio fueron los meses con más defunciones relacionadas con la contingencia, al menos 3 por día.

Día de Muertos en Juchitán

Foto tomada de: Dia de muertos en Juchitán. https://latequitarestaurante.com/xandu-en-juchitan/

Se canceló la Guelaguetza (la máxima fiesta de los Oaxaqueños) y las Velas de la región del Istmo (grandes fiestas con mayordomías programadas con años de anticipación que se realizan el mes de mayo) se suspendieron, según la memoria de todos, por primera vez. Personas que habían esperado años para cumplir su promesa de ser mayordomos del  santo de su devoción vieron cómo ya no sería posible. Recuerdo que algunos mayordomos, con los cohetes ya comprados, los encendieron desde sus casas a medianoche. Las luces iluminaron la ciudad, aunque no hubiera fiesta. Fue un gesto pequeño, pero cargado de sentido: aún en medio de la oscuridad, buscaron dar esperanza.

Ese periodo sirvió para replantear la esencia de las mayordomías. Algunas familias reforzaron sus lazos, otras decidieron cerrar dignamente la tradición y enfocar todos sus recursos en sobrevivir. Hoy, con las Velas de vuelta, se percibe mayor apertura al diálogo y a los cambios.

Ante la muerte, todo problema toma su justa dimensión, e incluso valoramos más lo que permanece.

Lo mismo en software: cuando se cancela un proyecto o se apaga un sistema crítico, no todo se pierde. Lo que aprendimos, los lazos creados y la capacidad de adaptarnos se vuelven nuestro verdadero capital.

Cierre

En el mundo de la ingeniería de software, como en la vida, no siempre podemos controlar el entorno: habrá sistemas que colapsen, entregas que fracasen o incluso despidos inesperados. Lo que sí podemos controlar es la manera en que respondemos.

Fortitudo no significa ignorar el dolor ni fingir que nada pasó; significa aceptarlo, aprender y reconstruir sobre lo que queda. Así como en el Istmo se encendieron cohetes para iluminar una ciudad en silencio y muerte, en nuestro trabajo podemos elegir esos pequeños actos de resiliencia que mantienen la esperanza del equipo y de nosotros mismos.

Hay un libro, no diré cuál, cuyo final me hizo clic cuando lo leí. Lo leí años antes de la pandemia, justo cuando apenas me reponía de los estragos mentales del terremoto del 2017, y creo que fue una de las —tantas— cosas que me mantuvieron funcionalmente cuerdo, o funcionalmente loco, para efectos prácticos, el resultado es el mismo.

Palabras más, palabras menos decía:

“El día de tu fusilamiento, pide vestir tus mejores ropas, toma una ducha muy temprano. Rasúrate bien; si puedes, perfúmate.

Hay algo que el destino no puede controlar y es: la actitud que tomas ante los problemas que te presenta.

Y, llegado el momento, sonríe”.

Buena suerte a todos, en todo lo que hagan  :)

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Omnia sunt communia.

@rugi